sábado, 15 de junio de 2019

REENCARNACIÓN Y EL VIAJE ASTRAL - RECUERDOS DE ADOLESCENCIA



Al cumplir los trece años ingresé en la escuela secundaria y en el primer año tuve algunas experiencias askásicas, pero la primera con verdadera relevancia ocurrió en la clase de historia. 
Le dije a la profesora que el friso que habían dibujado en el manual, representando a dos hoplitas enfrentados y con una sóla polaina cada uno, era un error. - Se combate usando ambas piernas -le dije- y desproteger una equivale a dar un punto débil al enemigo, recuerdo que en una de las batallas lo que hicimos fue... Después de explicar durante un cuarto hora las razones por las que habíamos ganado una batalla los hoplitas atenienses y espartanos contra los persas que desembarcaron en Codoris para intentar por tierra llegar a Kalámata, la profesora me pidió que todo aquello se lo diera por escrito. Uno de mis compañeros me hizo una seña con el dedo en la sien, como diciéndome "chalado". En ese momento me di cuenta que estaba cometiendo una brutal anacronía. 

Estuve hablando en modo personal, contando lo que había vivido y cómo "habíamos", "fuimos", "hicimos", "luchamos"... Comprendí que no estaba diciendo nada estudiado ni leído, sino que se había tocado un tema en que mi memoria empezó a funcionar y perdí la noción de la diferencia cronológica... ¡ 24 siglos !. Así que con las experiencias de la infancia, me asusté porque pensaba que la profesora me pedía un escrito para mandarme directamente al manicomio. Ella hizo una breve exposición según el plan de estudio y terminó la clase antes de sonar el timbre. En la tarde comencé a preparar el escrito, que me ocupó casi hasta la madrugada y tuve que continuar en la tarde siguiente, cuidando de hablar de modo impersonal (una prematura y obligada aventura literaria de la que podía depender mi libertad y "normalidad" o la reclusión en un hospital psiquiátrico). 

En la clase posterior entregué a la profesora el escrito de unas veinte páginas mecanografiadas, y le dije con franqueza que si pensaba solicitar una revisión médica, por favor no lo hiciera. Con la misma sinceridad me dijo que lo había pensado por un momento, pero la finalidad del pedido del escrito era otra. Durante las próximas vacaciones se iría a Grecia a continuar unas investigaciones iniciadas el año anterior y lo que yo había dicho en la clase era demasiado interesante, exacto en lo que se sabe y completaría cosas que se desconocían. - No sé de dónde has sacado tanta información -me dijo- pero estoy segura que no aparece nada de eso en los manuales ni en libros en español. Has hablado como si estuvieras recordando todo y con una naturalidad espantosa. 

No creo en la reencarnación, pero he quedado impresionada y tus compañeros también. - Si, ya me tienen por loco. Pero mientras no se demuestre que lo estoy.... - Eso es difícil, pero no digas más nada a nadie de esas cosas. Puede que seas un mitómano y te estés montando una personalidad imaginaria, pero habría que ser un genio para hacerlo como lo haces. Voy a averiguar más cosas en Grecia y cuando vuelva hablaremos. - Muy bien, profesora. A mí también me dan algo de pánico estas cosas. No he leído nunca nada de los griegos, salvo las novelas de Homero y algunos escritos famosos como los de Platón, etc.. Pero nada sobre aquellas batallas, que aún recuerdo perfectamente. Además, fíjese que he puesto un mapa con algunas cosas que recuerdo. 

El mapa lo calqué del manual pero he puesto sitios que no figuran. En este, precisamente, podrá encontrar un friso enorme, parecido al de los hoplitas del manual, pero ahí están bien representados, con las dos polainas y no con una. Uno tiene espada corta a la cintura, un tridente y una red con anzuelos; el otro tiene una espada corta y escudo redondo y muy pequeño. La profesora tomó nota de estos últimos comentarios y dejamos ahí el tema, del que no volvimos a hablar. Yo estaba seguro de lo que recordaba, pero me atormentaba que la maestra no encontrara los datos que le di o no encajaran en la historia conocida. Poco después, durante las vacaciones me fui a pasar unos días a la casa de un Amigo donde trabajaba con mis pirámides. En aquel campo, en contacto con las piedras de un cerro ubicado en la misma propiedad, empecé a sentir una sensación intangible, como si alguien me acechara. Me mantuve en guardia pensando que me podía estar siguiendo un gato montés, aunque normalmente no son peligrosos, a menos que me acerque demasiado a un cubil donde haya crías muy jóvenes. Pero en vez de irme, seguí subiendo entre las piedras y de pronto tuve la sensación de que algo me atravesaba en el abdomen, causándome un dolor cada vez más fuerte. 

Una lanza o una flecha me había perforado y caí al suelo; sentía como la vida se me iba y repentinamente las ropas no eran las mismas. En vez que mis pantalones azules y la camisa de rayas, era una especie de bata de lana gruesa y tosca. Intenté entender lo que me estaba sucediendo y un pájaro que había hecho su nido en la escarpa, casi donde cayó mi cara, remontó vuelo. Creo que perdí el conocimiento por un rato, pero al despertarme no había allí ningún nido y mis ropas eran las propias, de pantalón y camisa. Me toqué el costado izquierdo del abdomen esperando encontrarme sangre, puesto que aún sentí dolor y la sensación de estar mojado con ella. Incluso era fuerte el olor de la misma, pero no toqué nada mojado. Me incorporé con dificultad y me di cuenta que había corrido cierto riesgo, porque no disponía de más un metro entre esas rocas, y hubiera podido rodar entre ellas unos cien metros. No tenía ninguna herida y el dolor empezó a irse, desapareciendo unos minutos más tarde. 

La sensación de soledad me volvió a la normalidad pero estaba muy asustado. Observé las piedras y comprendí que había un parecido enorme entre éstas y aquellas, cuando me perseguían... Y todo el resto del recuerdo se hizo patente, diáfano, como si hubiera ocurrido hacía un rato. En ese momento recordé que me habían llamado por mi nombre, pero era otro que no es el actual; yo huía en dirección a aquel hombre que me llamaba. Me había quedado durante una batalla, tras la línea enemiga y alguien me lanceó mientras intentaba llegar junto a mis compañeros. Me puse a llorar recordando que había dejado desesperados a mis amigos, impotentes para salvarme y -aunque no lo sentí cuando me desmayé- recordaba que mis últimas impresiones era el tropel de enemigos pasando sobre mi cuerpo moribundo. El recuerdo empezó a desvanecerse con todos sus dolores tras más de media hora en que el desconsuelo era apenas calmado por mi mente objetiva, que me decía que aquello no podía ser, que era una pesadilla y que estaba en la estancia de los padres de mi Amigo Rubén, quizá a miles de kilómetros y cientos de años de donde ocurrió aquello. 

Pensaba que si aquello había ocurrido realmente y yo estaba ahora aquí, seguramente estarían también mis amigos y mis enemigos... Pero algo me inquietaba más que eso: Que podía ser que yo estuviese loco, rematadamente paranoico, esquizofrénico o algo así. No tenía mucho conocimiento de psicología, pero con lo que había estudiado ya, sabía que la sensación de persecución que había sentido, si la contara, sería causa de un diagnóstico de complejo de persecución. Decidí callarme para siempre lo sucedido y esperaba que no se repitieran aquellas experiencias, que si bien habían sido simples las anteriores, podían convertirse en un martirio. No podía descartar que hubiese sido una pesadilla en estado de vigilia, producto de alguna película, de una insolación o algo por el estilo. De cualquier manera guardaría silencio y así lo hice hasta el día de hoy, salvo a unas pocas personas que creí en condiciones de comprenderme sin ponerme rótulos ni hacerme colocar una camisa de fuerza. Incluso entre muchos espiritistas encontré una gran suspicacia, incredulidad contradictoria con todo lo que proclaman y sostienen más como creencia que como saber. 

A poco de comenzar nuevamente las clases, tras los meses de vacaciones, por razones políticas y de huelgas de profesores, casi no había actividad escolar, así que me fui con unos compañeros al centro de la ciudad para tomar un café en el sitio de los "novilleros". Tuve una sensación que no podía definir, pero la incomodidad o incertidumbre de no saber qué me pasaba, me ponía de mal humor. 
Les dije a mis amiguetes que me iba a casa, pero empecé a deambular por las calles sin rumbo fijo. Seguía una especie de instinto pero con escasa consciencia de lo que me ocurría. Pensaba que algo me estaba preocupando demasiado, aunque no tenía motivos para ello, salvo las malditas "matemáticas modernas" que finalmente fueron un fracaso didáctico, porque nos cambiaban el sentido de las matemáticas hasta el absurdo. 

 Pero me daba cuenta que eso no podía preocuparme tanto. Finalmente me dirigí como un autómata a la calle de los cines y ante una gran cartelera se produjo la crisis a la que mi Alma me estaba llevando. La película "Spartaco" estaba de estreno. Corrí unos cuatrocientos metros, hasta donde se encontraban aún mis compañeros, y pedí prestadas unas monedas que me faltaban para completar la entrada al cine. Volví y entré momentos antes de empezar la película. El comienzo del filme fue poco impactante. Lo más fuerte parecía haber pasado, sin embargo empecé a notar algunos graves errores en la escena. Espartacus bajaba una montaña montado en un caballo que no era el que yo conocía, llevando un precioso escudo muy bien hecho, cosa que vi ridícula. Tampoco la espadita que llevaba estaba bien; había sido desechado el mandoblón que... En fin, mil detalles incorrectos. Me di cuenta que me estaba "haciendo mi propia película"... O estaba recordando cosas. Toda la historia estaba tergiversada. El Espartacus de la película era una farsa con la que se engaña a las multitudes, con más o menos intencionalidad arquetípica. 

En realidad el gladiador no tenía nada contra los romanos en la historia real y muchas veces fue ayudado por las tropas romanas, a fin de liberar esclavos sometidos por los fenicios, hebreos y otros pueblos, así como los caringios, que eran una horda de esclavistas remanente de los volkches, aplastados por los romanos un siglo antes y los cartagineses (especie de sucursal económica y política de Judea, dirigida en secreto por el Sanedrín), también anulados por Roma durante las guerras Púnicas. Se mezclan en los libros sobre Espartacus -que tras aquella experiencia devoraba con avidez, porque hasta entonces me era desconocido todo esto- una supuesta "esclavitud romana" con levantamientos y rebeliones exageradas como sombra chinesca, cuando en realidad fueron las mismas situaciones que se producen en las cárceles modernas, donde los presos hacen motines para escapar o para conseguir mejoras y reducciones de penas. 

Los "esclavos" romanos eran delincuentes de todas partes del Imperio, que en vez de ser mantenidos como a los actuales, se les ponía a trabajar, gozando de salarios según sus talentos, así como se les daba ocasión de reducción de penas si se enrolaban en los cuerpos de gladiadores -ya para el circo, ya para el ejército- y Espartacus jamás fue esclavo en Italia, sino en su Tracia natal, sometida por los caringios y liberada por Roma. Luego de una fuga cayó en manos de los traficantes hebreos, de los cuales también consiguió escapar dos años después. Fue recogido casi muerto de hambre por una centuria al mando de Tito Cosnia y llevado a Roma, donde recibió instrucción militar y pidió años después, bajo la gracia de audiencia por su destacada función como gladiador, un pase al ejército con independencia de acción contra los caringios, a los que debía la venganza por haber matado a su familia. Los pocos datos que la historia oficial asigna a Espartacus, son en realidad los de Silecio de Capua, un asesino cuya historia fue recogida por el hebreo Felipe Martio, nacido en Siria en 1512, cambiada por la de Espartacus y divulgada en una serie de escritos sobre Roma en su política sobre Judea. Aquel criminal Silecio de Capua, con unos cuantos ajustes y nombre cambiado, quedó como el héroe ante una historia viciada de falsedades. 

Del verdadero Espartacus, que consiguió -con algunas ayudas del Imperio- deshacer la mayor parte del tráfico de esclavos en la provincias menos vigiladas por Roma, sólo quedó el nombre mal usado. El que murió en Lucania en el 71 a. de C. fue Silecio y no tenía con él a más de mil amotinados. 
Es decir que las cifras de 100.000 hombres que alguna vez tuviera, o los 60.000 rebeldes que murieran no son más que cuentos de pastores hebreos, sin ninguna documentación válida. 
El verdadero Espartacus tampoco llegó a tener más de cinco mil soldados y muchos de ellos eran voluntarios romanos autorizados por Lucio Cornelio Sila Félix.. Una parte eran soldados regulares y otros eran oficiales con algún mérito, cuyo interés estaba en lograr la restauración de territorios en manos de hordas esclavistas al norte de la actual Grecia y la actual Serbia. 

Espartacus murió en un combate en la Provincia de Moecia, no muy lejos del lugar donde nació. Su muerte (en realidad la mía, con otro cuerpo) fue a causa de un espadazo que casi le partió desde el hombro a la cintura, y eso lo sufrí "en carne propia" mientras se proyectaba la burda película que ya no veía. Averiguar si todo eso había sido así realmente y confirmar la mayor parte de los recuerdos que tuve mientras veía en la pantalla la fantochada histórica de Kirk Douglas (muy buen actor y excelente intención, pero históricamente irreal), me costó cientos de horas de bibliotecas, consultas a historiadores, pedidos especiales a parientes en Roma para que registren los archivos históricos y en especial los antiguos partes militares, fuente fabulosa de datos auténticos. 

Pero finalmente sacar a la luz todo aquello implicaba problemas bastante graves, como la imposibilidad mediática y el descrédito por hablar de algo tan "loco" como recordar una vida anterior. En el propio entorno familiar ya tuve los primeros encontronazos y en la escuela teníamos una profesora suplente de la anterior, que aún no regresaba de Grecia. Cuando le expuse lo descubierto en los documentos y libros, evitando de hablar sobre mi experiencia, se le pusieron los pelos de punta y me trató de demente. La profesora titular -por suerte- apareció a mitad de año y lo primero que hizo, antes de presentarse al colegio, fue llamarme por teléfono a la secretaría, para pedirme que concurriera a su casa en cuanto pudiera. La sorpresa para mí fue muy grata en la tarde del mismo día, porque justo pudo ella participar con un grupo de arqueólogos ingleses, de unas excavaciones cuando fue a averiguar cosas a Kalámata. Había podido confirmar que la población de Codoris, que no existía en ningún mapa, existió, pero como Codornus, según unas inscripciones latinas en una losa de una casa -posiblemente consistorial y posterior a los acontecimientos que yo recordaba- pero lo mejor vino con unas fotos que lamento no haber guardado: Hallaron a más de dos metros bajo tierra, en lo que habría sido el sótano de un gimnasio, un friso exactamente como lo recordaba y describí muchos meses antes, de algo más de tres metros de largo por uno veinte de ancho, labrado en altorrelieve sobre mármol. 

Tanto mi querida profesora como yo lloramos juntos. Se convenció de lo que yo recordaba no eran locuras ni había podido saber mediante libro alguno sobre aquellas cosas, que estuvieron más de dos milenios sepultadas. Cuando empecé a contarle lo que había experimentado cinco meses antes y las cosas que acababa de averiguar respecto a Espartaco y Silecio de Capua, me pidió que esperase. Preparó un grabador y una máquina de escribir estenográfica (que conocí en esa oportunidad). 
Lo escribió todo y no sé si habrá podido publicar algo al respecto. Ella misma me advirtió que divulgar esas cosas es -además de difícil bastante peligroso. Hay demasiados intereses en juego que se verían afectados por las menores modificaciones en la "historia oficial". 

No lo comprendí en ese momento, pero no tardé mucho en entenderlo. Había tenido mis primeros recuerdos askásicos comprobados científicamente, mediante la investigación profunda de la historia en base a toda clase de documentación, confirmando que mis recuerdos eran absolutamente exactos y no meras ensoñaciones de un loco. Aún hoy, ante muchas personas es imposible hablar estas cosas y salir "ileso" moralmente. Por eso recién ahora, a mis casi cincuenta años, bajo el auspicio de estos duros tiempos apocalípticos donde nada se esconde a quien quiera ver, vengo a escribir estas cosas con intención de publicarlas. Para que aquellos que como yo, hayan tenido o tengan experiencias askásicas, puedan manejarse con cordura y objetividad, sin traumas y sin los sufrimientos que he debido arrostrar por estas cuestiones. También he repasado toda mi vida mediante técnicas de Dianética (sin relación personal alguna con la religión de Cienciología que la auspicia y comercializa). 

Esta disciplina desarrollada por Ronald Hubbard y un numeroso equipo de investigadores, desde antes de la IIª Guerra Mundial, es una maravilla que puede estudiar y desarrollar cualquier persona mediante un par de años de estudio intensivo y sin tener que ir a ningún colegio ni iglesia. Lo mejor que tiene en cuanto al tema de la reencarnación, es que permite descubrir todas las causas ocultas de muchos problemas psicológicos, recuerdos de infancia e incluso prenatales, consiguiendo así descartar todas las posibilidades de que un recuerdo askásico sea falso, o sea originado en la imaginación o en un engrama. Así pues, casi todos mis recuerdos han pasado por los filtros más exigentes y exactos. 

IMPORTANTE: Jamás te expongas a una hipnosis regresiva por pura curiosidad, y menos aún con “auxilio” de drogas. Ni siquiera con la experta dirección de un chamán puro de la selva, se consigue algo válido respecto a encarnaciones anteriores, a menos que exista algún trauma muy especial que no es posible curar con todo el arsenal psicológico actual. Un avance que tendrían que considerar los practicantes de Dianética, es que no sólo es posible extraer recuerdos emocionales, sónicos y visio (visuales) prenatales, sino también de vidas anteriores. Se dará un caso probablemente entre muchos miles, pero los hay, como el mío, que pude verificar muchas veces mediante el más estricto cartesianismo, empezando por esta profesora, a la que omito nombrar para evitarle problemas, y otras personas que han sabido escucharme y analizar objetivamente, siempre recomendándome la prudencia que ha sido necesaria hasta ahora. 

Al comentar lo sucedido a algunas personas en la Escuela Científica Basilio, donde aún concurría, tuve al menos la comprensión necesaria porque entendían perfectamente lo que me ocurría y me confirmaron que no estaba loco sino con recuerdos reales de vidas anteriores. A pesar de ese apoyo que me aliviaba por una parte, me metieron más miedo del que tenía, con sus advertencias de que podía ser muy peligroso pero nadie sabía qué hacer para evitar esas experiencias.

Ramiro de Granada

sábado, 8 de junio de 2019

Meditación: Su Práctica y Resultados - Las Alas del Alma.



Sabemos que tenemos una naturaleza dual: algo en nosotros apunta siempre hacia arriba, como una llama, y algo siempre hacia abajo, como una gota de agua. Una es nuestra naturaleza divina, la otra es nuestra naturaleza humana. Sin embargo, de la conjunción de las dos, que parecen incompatibles, algún día nacerá en nosotros el futuro Cristo, el Uno Perfecto. Como Robert Browning lo describió en “Una muerte en el desierto”:

“Varias personas se muestran en cada hombre
Tres almas que hacen una sola, a saber: primero
Un alma para cada una y todas las partes corporales que
Allí están establecidas y funcionan; es LA QUE ACTUA;
Se vale de la tierra y tiende a hundir al hombre, pero
ascendiendo, aconsejando,
Crece dentro y crece mas adentro,
EI alma siguiente, la que, asentada en el cerebro,
Utiliza a la primera en su uso conjunto
Y es la que siente, piensa, quiere; es LA QUE SABE;
La que, a su vez, ascendiendo debidamente
Se convierte, más y más
En la tercer alma, que utiliza a las dos primeras
y que perdura, existan a no aquellas,
y que constituyendo el yo del hombre, es LA QUE ES,
y que, apoyándose en las anteriores, las hace actuar
Como la que actuó al principio; y tendiendo a lo alto
Se aferra a y es sostenida por Dios, e inclina al hombre
A lo alto hasta aquel temible punto de relación
En que ya no necesita un lugar, porque retorna a EL.
La que ACTUA, la que conoce y la que ES; tres
Almas, un hombre”.

(Traducción literal de los respectivos versos ingleses. N. del T.).
Robert Browning



El cuerpo confina al hombre abajo, aquí en la Tierra; el espíritu lo confina arriba, siempre en el Cielo. Equidistante de los dos, yace el principio fluídico, el Alma. Ella tiene dos grandes poderes, los cuales, en su esencia se convierten en las alas con las que vuela: pensamiento y sentimiento. Normalmente esas alas están maniatadas a los intereses de la Tierra; pensamientos y sentimientos se centran y giran alrededor de los objetos y acontecimientos de la vida terrena. La meditación es un método para poner en libertad aquellas alas, fortificándolas para que algún día puedan intentar el inmortal “vuelo del solitario al Solitario” y convertirse para siempre en uno con el Ser Espiritual.

Cuando esto se haya cumplido en algún grado, la personalidad toda se acrecentara en dignidad y poder, porque la Naturaleza Espiritual en nosotros es la fuente de todo amor, alegría y paz, así como de toda verdadera comprensión y poder. Y el Ser Espiritual está allí todo el tiempo, y si nos tomáramos el trabajo de descubrirlo y desarrollar Sus medios de expresión, Lo pondríamos en acción. El saber que el profundo Yo esta ahí nos da un gran sentimiento de quietud y equilibrio. No debemos esforzarnos tras aquello que no somos. Debemos convertirnos en lo que somos.

La Verdad esta en nosotros. No surge
De cosas externas, de cualesquiera que pienses.
Hay en nosotros un centro, el mas recóndito,
En el que mora la Verdad en plenitud, y conocer
Mas bien consiste en buscar un camino
De escape para la gloria aprisionada
Que efecto de una entrada de luz
Supuestamente externa.

                           (Traducción literal de los respectivos versos ingleses. N. del T.).
                                                                 Robert Browning

Consideremos cada ala separadamente, con sus poderes peculiares.



La Mente: Memoria

 La mente tiene tres poderes principales: memoria, comprensión e imaginación. Siempre es una ayuda para la comprensión y el control de cualquier principio de nuestro ser el ponernos, en pensamiento, aparte de él; así, imaginemos la mente como una luz interior que nos muestra el camino, como una linterna que llevamos en la ruta obscura de la vida. Esta es realmente la única luz que tenemos para señalar ese camino. Ella puede ser amplia y brillante en una parte, pequeña y fluctuante en otra, pero es siempre suficiente para mostrarnos el próximo paso. Cuando dirigimos esta luz de la mente detrás nuestro, sobre el sendero que hemos ascendido, estamos mirando dentro de la región de la memoria. La luz ilumina sólo un pequeño arco de la gran ruta que quedo atrás, que se extiende a través de muchas vidas y que constituye la totalidad de nuestro ser subconsciente.

 Está bien el hacer esto, cuando dejamos a la memoria reposar en cosas queridas y atractivas, no deseando que ellas estuvieran aun con nosotros, con pesar, sino gratamente, dándonos cuenta que su esencial atractivo es ya parte de nosotros para siempre. Muy a menudo nos aferramos a una alegría pasada, o a una amargura pasada, y en tanto nos apeguemos a ellas, no las haremos espiritualmente nuestras y aprendido su lección. Este sería particularmente el caso con los fracasos pasados si pudiéramos ser lo suficientemente esforzados para aprender su lección y permitirles alejarse: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos y seguidme”, al Cristo interior, al Ideal.

Ni tampoco deberíamos vivir recordando injurias y desaires pasados. “La recta memoria”, de cosas nobles, es una de las cualidades del Noble Octuple Sendero de Buddha. La memoria debe ser usada al terminar la meditación para fijar en la mente su más profunda impresión, más clara comprensión y su más importante determinación. La memoria también podría ser usada al comienzo para recordar el objeto de la meditación antes de empezar, de otra manera, al igual que un viajero que comienza a escalar una montaña y olvida su meta, podríamos extraviarnos por senderos laterales.


La Mente: Imaginación

Cuando la luz de la mente es dirigida hacia adelante de nosotros, contra la corriente del tiempo, en lugar de corriente abajo, estamos fijando la mirada dentro del mundo de los ideales. Este mundo parece irreal para algunos; sin embargo, su poder en la formación del carácter y destino es ilimitado. Vemos allí con la luz de la imaginación. “Solamente imaginación”, dirán algunos, no tomando conciencia que allí un hombre se ve a sí mismo veladamente en el futuro. De acuerdo a su naturaleza inherente, a su Dharma innato, así modelará el hombre las imágenes que son sus ideales y en cada hombre ellas serán diferentes y únicas. Las formas, las concepciones que el crea y ve, no son las cosas mismas, sino las “ventanas a través de las cuales” el contempla el Infinito y a través de las que, a la vez, el Infinito mira hacia el. Esas ventanas cambian, crecen en amplitud y en belleza, permitiendo cada vez más que la luz del Cielo entre al Alma. Y en la medida en que un hombre contempla su ser sensitivo interno, asume mas y mas la semejanza con aquello que el contempla. 
Esta es la razón de la práctica de la contemplación. Un hombre crece por amor y pensamiento a semejanza de lo que el adora y ve.

“Yo contemplé,
“De ojo a ojo, como en instantáneo mandato,
“Una fugaz semejanza con el Rey”.

La mente: Comprensión La luz de la mente, mantenida brillando constantemente sobre el sitio en que estamos en ese momento, es concentración. Su fruto es la comprensión. Puede ser una idea difícil, un plan a seguir, una persona cuyas acciones son extrañas; solo hay que tomar tiempo y paciencia para permitir que la luz de nuestra mente brille sobre ellos y un rayo de iluminación e inspiración se producirá pronto. La comprensión nacerá. Uno de los resultados de la meditación es el incremento de la comprensión. Ello significa crecimiento del carácter y del poder. Esto es siempre el producto de un pensamiento profundo. En realidad, podríamos describir un aspecto de la meditación como “ponderación”. ¡Cuan sabia era la Madre de nuestro Señor!.

Cuando ella escucho cosas maravillosas, las que tal vez al principio no comprendió, no las discutió ni las rechazó. “Guardó esas cosas y las consideró en su corazón”. Nosotros haríamos bien en reflexionar acerca de los pensamientos de los grandes libros que nos llegan acerca de ideales que agitan y mueven nuestros corazones, sobre el carácter y buenas acciones de los demás, y sobre todo, acerca de la Vida, el gran Libro de las experiencias de la Vida, que podemos aprender a comprender y cultivar. Estos son los tres poderes que la mente pone en juego. Dirigidos a Dios, el místico cristiano llamaría a su empleo plegaria mental. Como esta ala entra en acción antes que la otra, la plegaria del corazón, su uso es muy característico de la primera parte de la jornada, el Camino Purgativo.

El Corazón: Fe

El corazón, lo mismo que la mente, también se mueve en tres direcciones. Nunca será demasiado el énfasis que se ponga sobre la necesidad de desarrollar la emoción pura, fuerte y vital. El corazón es casi más importante que la mente. En verdad, uno de los principales usos de la mente es crear los pensamientos e imágenes que evoquen la más pura y más grande emoción. Un gran sentimiento es purificador y unificador. Por amor solamente, si es lo suficientemente puro y fuerte, un hombre puede escalar las alturas del paraíso y encontrar al Dios de su alma. Por lo tanto, estimulemos al amor y todas sus variantes, tales como la admiración, el aprecio y la solidaridad. EI amor es la sangre vital de nuestras almas; sin él un hombre esta muerto. Como dijo Wordsworth:

“Nosotros vivimos por admiración, esperanza y amor”:
“Y así cuando éstas están bien y sabiamente fijadas”,
“Ascendemos en dignidad de ser”.


El amor, creciente en completa confianza y devoción hacia aquello que esta arriba nuestro es fe, en su divina intuición es la “evidencia de las cosas que no se ven”. Si no se da la confianza, a pesar de cualquier semejanza exterior, no es amor. La grandeza y la belleza no pueden ayudarnos si mantenemos cerrada la puerta de nuestros corazones. “A menos que haya una perfecta confianza no puede establecerse el perfecto flujo de amor y poder”. 

  El Corazón: Caridad 

El amor, mirando a toda la vida que nos rodea, se esfuerza por comprender, por servir, por estimar, lo que significa que esta buscando la unión con la Vida en otros, y eso es Caridad, dejando de lado, siempre desde el punto de vista de la eternidad, una multitud de insignificantes pecados. No podremos buscar la Vida en Dios a menos que busquemos también la unión con la Vida en nuestros semejantes; por eso, el que dice “yo amo a Dios” y odia a su hermano es un mentiroso. 

El Corazón: Esperanza 

Hay todavía otra cosa que nosotros debemos aprender, es amarnos rectamente a nosotros mismos. Amarnos rectamente a nosotros mismos es creer en nosotros mismos, en nuestro poder inherente para vencer todo lo maligno, todas las frustraciones. En verdad, como dijo la Dra. Annie Besant una vez: “No hay fracasos, excepto cuando dejamos de esforzarnos”. El catolicismo romano considera a la desesperación como uno de los siete pecados mortales que matan al alma. Su virtud opuesta es la esperanza, la intuición del ser inmortal en el interior, que sabe “que los hombres pueden ascender sobre los escalones de sus “yoes” muertos hacia cosas mas elevadas.” Dudar, desesperarse, es dudar esa divinidad interior. Por eso, “Dios te perdonará todo, excepto tu desesperación”. Estos son los tres fuegos del corazón, encendidos y aventados por el uso correcto de la mente. Dirigidos a Dios, ellos se convierten en la plegaria del corazón, plegaria efectiva, y por causa de su creciente y mas fuerte uso, provoca una menor discursividad mental y una fuerte estabilización de toda la naturaleza en una dirección interna; esta es, en gran manera, la plegaria del Camino Iluminativo. 

El Primero de los Estados Místicos de Conciencia

Después de una larga practica con estas dos formas de aspiración, las alas del alma crecen fuertes, se ponen bajo control y aprender a remontarse. Día tras día ellas vuelan hacia el cielo de sus deseos. Día tras día ellas se vuelven mas sinceras, cándidas y confiadas, porque la sencillez de la mente y la pureza, es decir, sinceridad de corazón, significan que la naturaleza toda esta orientándose gradualmente en una dirección suprema. Debido a que el ojo interno está creciendo sincero, puro y recto, todo el cuerpo se está llenando de luz. Todos quienes prosigan con la meditación encontraran, a medida que su práctica se profundiza, que tienden cada vez menos a la discursividad de la mente y del corazón. La mente se hace firme en sí misma, el corazón se profundiza y se alcanza un punto en el cual se logra un equilibrio que puede ser mantenido indefinidamente. ¿Han visto alguna vez a un pájaro volando alto, muy alto en el aire?. 

De pronto detiene el batir de sus alas y se remonta, equilibrado, en el cielo, hacia el empíreo. Así, en la inspiración puede llegar un momento en el que el pensamiento no puede ir mas alto, el amor ha tomado totalmente al hombre y el alma, apacible, equilibrada, concentrada, mira, escucha y espera. Sencilla y dulce, esta es la “plegaria de la atención simple”. Solo un deseo brilla en el corazón, solo un pensamiento sostiene la mente, y la intuición del espíritu despierto contempla, dentro de la obscuridad que muy pronto se convertirá en Luz. Esta Luz se sumerge en la “plegaria de la quietud”, donde una respuesta, aparentemente desde afuera, desciende en abrumadora gloria, ternura y belleza sobre el alma iluminada. El alma se ha preparado para, y esperando a, su “Señor”, y El se inclina y la eleva hacia los eternos brazos de la Bienaventuranza. Este es el comienzo del Sendero de Unidad, y el primero de los estados místicos de la conciencia.

Clara M. Codd

REENCARNACIÓN Y EL VIAJE ASTRAL - RECUERDOS DE INFANCIA




Cuando cumplí tres años de edad, ya sabía muy bien lo que era recibir regalos, así que ante una pregunta de mi madre, que quizá no esperaba obtener respuesta, grité alegremente que quería lápices de colores y que me enseñara a leer y escribir. La reacción de ella fue una mezcla de disgusto y sorpresa. No entendí hasta muchos años después aquella situación, pero en aquel momento me resultó chocante, como una decepción. Creo que fue, después del nacimiento, el primer enfrentamiento emocional con mi madre. Al menos el primero consciente y que recuerdo con absoluta claridad. 

Al día siguiente, que tardó muchísimo en llegar, recibí el primer regalo de cumpleaños. Era una caja de 24 lápices de colores y dos lápices negros de dibujo. El regalo venía acompañado de un cuaderno de hojas de papel para dibujo y fue suficiente para disolver el dejo amargo que me quedaba del día anterior. Nunca se borraría aquello de mi memoria, pero el dolor que no conseguía entender, había pasado. No recuerdo si había visto a alguien dibujar alguna vez, pero siendo el primogénito y con tan corta edad, en una época sin televisión, era muy difícil. Aunque mi padre dibujaba planos, su trabajo no tenía nada que ver con lo que yo estaba haciendo. Una casa y un río, un caballo que corría por el camino hacia la casa y una niña que se caía cuando el caballo estaba por cruzar el puente... Claro que el dibujo no era una obra de arte, pero con tres añitos no se puede pedir más. 

El recuerdo estaba tan fresco como si hubiese ocurrido todo ese mismo día. No tenía consciencia de la diferencia entre pasado, presente y futuro. Sentía al dibujar un dolor en el pecho, algo que tuve que reprimir para poder terminar el dibujo. Con el color rojo pinté la sangre en las piernas de la niña y apenas terminé me puse a llorar desconsolado. Ella estaba herida y era por mi culpa. Entró mi madre y vio el dibujo sobre la mesa de la cocina, pero no le dio importancia. Sólo preguntó qué me pasaba y le dije que Sonia estaba lastimada. Mi madre no entendió absolutamente nada, pero me amenazó con encerrarme en el baño como no me callara. No entendí el castigo, su sentido ni nada de lo que significaba realmente la amenaza. 

Como sentí lo mismo que mi madre por mera empatía psíquica, el vasito plástico que tenía aún un poco de leche, saltó de la mesa con el primer golpe iracundo que di en esta vida. Y recibí la correspondiente primera paliza. Si los papás supieran que los niños y los animales domésticos perciben, reflejan y aprenden a tener los mismos sentimientos e impulsos que los adultos, éstos se cuidarían un poco más por mera responsabilidad. Aunque no manifiesten ante los niños pequeños sus sentimientos, igual estos los perciben y aunque no los podrán "tangibilizar", ni podrán procesarlos adecuadamente (tanto peor por ello) terminarán siendo igual que sus padres, desarrollando lo que básicamente ha sido esbozado por James Redfield en "Las Nueve Revelaciones". Es decir, cualquiera de los cuatro tipos psicopatológicos de control de las circunstancias ("pobre de mí" haciendo sentir culpable al otro; "intimidador", amedrentando; "distante", haciendo sentir inferior al otro e "interrogador", que inhibe y hace sentir controlado y vigilado a la otra persona). 

En las relaciones paterno-infantiles, éste último es el más común, pero los otros no son poco frecuentes. La aplicación sobre los niños de esos medios de control suelen acabar con todos sus incipientes despertares psíquicos, con sus recuerdos askásicos (así se llama a los recuerdos de encarnaciones anteriores). Mi madre, culta y amable, dulce y cariñosa a veces, tuvo un infancia demasiado dura. No es mi intención en absoluto menoscabar su obra materna, pero he de confesar que nuestros enfrentamientos eran muy graves. Ello se comprenderá más adelante. Por ahora, cabe decir que pese a los malos tratos que me daba, no pudieron modificar mis percepciones, mis recuerdos, mi videncia Astral ni nada de mi personalidad. 

La razón -como pude comprobar- era que mi cuerpo Astral o "emocional", es decir la personalidad misma, el cuerpo magnético formado para conectar el Ser Humano, mundano, con el Ser Espiritual, era el mismo que tuve en la encarnación anterior. Al haber nacido sin perder el Astral que fue formado en la vida anterior, mi carácter personal no debió rehacerse como ocurre a la mayoría de los niños, que son libros abiertos a toda vibración, a todo aprendizaje, a toda influencia. Yo sólo necesitaba "recordar" algunas cosas para volver al nivel de consciencia que había tenido poco antes de nacer en este cuerpo. 

También era lógico que muchas cosas chocaran con el medio familiar, porque quien yo sentía ser no se parecía mucho al niño que representaba por fuera. Aunque no tenía consciencia de ello ni estaba seguro hasta después de una serie de comprobaciones efectivas y realizadas aplicando rigurosamente el método científico, la simple memoria instintiva me condujo siempre. Unos días después de aquel episodio donde el dibujo de la niña caída del caballo terminó roto y en la basura, mi recuerdo también quedó depositado lo más lejos posible, en el subconsciente. Sabía que Sonia había sobrevivido y no había muerto en la caída, así que pude seguir con mi vida de niño... Hasta los cinco años y medio, en que no fueron los recuerdos askásicos sino los viajes Astrales, el problema. 

Para colmo, no eran viajes al tejado de mi casa, ni a la esquina de mi barrio... Pero volviendo a aquellos días de la primera infancia, poco después de aquel regalo estupendo de los lápices de colores comprendí que había algo extremadamente importante que debía saber, por eso el pedido de que me enseñaran a leer y escribir volvió a molestar a mi madre y tras varias semanas de responder con negativas y hasta gritos, me dijo que me enseñaría a leer y escribir. Me emplazó en tres días, al cabo de los cuales, si no aprendía, me daría la paliza más grande del mundo o algo así. Aunque ya sabía lo que era una paliza, la alegría fue inmensa y la amenaza -aunque acusé recibo- no tenía sentido. Así que empezó a decirme el significado de las letras y su pronunciación, utilizando el sistema Becker. Aquellos símbolos, dados con mnemotécnicas, eran algo complicado -para mi- por las relaciones entre el símbolo puro y los elementos mnemotécnicos añadidos. 

La araña entrelazada al dibujo de la "A", además de resultarme repugnante me confundía y no me ayudaba. Así que lo primero que hice fue copiar en un papel las letras en sí, libres de todo añadido. Recordaba algunas de ellas, pero no como si mi madre acabara de decirme el sonido que representaban. Una imagen vino a mi mente, sobre una "M" y una "A" entrelazadas. (Hoy pienso que los pedagogos que diseñaron el sistema Becker eran un poco sádicos. Podrían haber empleado palabras como Amor, Árbol, Arco, etc., para hacer la regla de memoria de la primera letra del abecedario). Le pregunté a mi madre que significaban esas letras solas (M y A), y me respondió que la M era la inicial de mi nombre y que la A era la del nombre suyo, pero yo veía las letras entrelazadas en un óvalo, algo que me pertenecía de alguna manera. Tras repetirme el sonido correspondiente a cada letra y un ejemplo de inicial, no hizo falta más. Sólo necesitaba "recordar", más que aprender. Seguí repasando mentalmente los sonidos mientras volvía a escribir cada una de las letras y al cabo de un rato escribí "Alisia". 

Mi madre se emocionó al leer su nombre, pero su "yo distante" no le permitía reconocerlo, así que me reprendió por el error y me explicó la excepción de las sílabas "ce" y "ci" en algunas palabras. Tardé unos días en leer de corrido, pero empecé a escribir cuanto podía. Cuando dominé completamente el trazo, me encantaba darles a las letras formas diferentes y alternaba los escritos con dibujos. Pero todo lo que escribía y dibujaba resultaba curioso para papá y molesto para mamá, porque al mostrar los dibujo les hacía preguntas que no podían responder y en algún momento noté que se alarmaban. Sobre los escritos, mi madre pensaba que serían letras amontonadas sin sentido. Pero no era así y se lo dije. Era el idioma que conocía... Pero no era español. Hablaba "esas cosas" como decía mi madre, cuando estaba solo e incluso a veces con ellos, que no podían entender. Cuando escribía con letras "recién aprendidas", recordaba que había escrito eso antes, pero nadie me hizo caso, así que finalmente empecé a escribir sólo en español y con ello a olvidarme de aquel idioma. 

Mi infancia siguió en medio de una vida interior que nada tenía que ver con el medio en que crecía. Dibujaba cosas que ni yo mismo alcanzaba a comprender ni en mediana profundidad. A veces, eran objetos que veía y otras simplemente eran recuerdos. Tan incomprensibles las unas como las otras para mis padres y parientes, que ya empezaban a mirarme como "bicho raro" sin que yo pudiera entender el porqué. Preguntaba a mi padre si era tan raro que alguien dibujara o si es que dibujaba demasiado mal o demasiado bien, pero sus respuestas tampoco me eran muy comprensibles y por lo general eran un bombardeo de preguntas. Así que en vez de aclararme, enseñar mis cosas era motivo de angustias y agobios. Finalmente decidí no mostrar más mis dibujos. Pero aún no venía lo peor. 

El primer "gran problema" para mi mente objetiva comenzó a los cinco años y medio, ahí donde mis vivencias se alejaron completamente de lo normal para el resto del mundo. Una tarde fui a recostarme bajo una hermosa parra de moscatel y comencé a hacer un viaje fantástico, que por no poder relacionar mejor con la ciencia oficial, he descrito como una fantasía. Pero la verdad es que me iba al Interior de la Tierra, donde estaba mi familia. Papá y Mamá, cinco hermanos mayores que yo y... Que no tenían nada que ver con Papá y Mamá de este cuerpo. Pero eso duró sólo un año y medio y lo relato como "ciencia ficción" en otros libros, en los cuales sólo algunas circunstancias son ficticias. No obstante esas vivencias que eran cotidianas, mi vida no parecería a un observador externo, demasiado diferente de la de cualquier niño. Pocos meses después de los primeros viajes, comencé la escuela primaria y cierto era que las maestras siempre se extrañaron mucho de mi conducta y conocimientos, pero yo aprendí a diferenciar lo que realmente "sabía", de lo que "recordaba" y de las otras vivencias que apenas las hablaba empezaban los problemas. 

Lo que "sabía" era lo que aprendía desde que iba a la escuela y había escuchado o leído con estos mismos ojos que uso para escribir ahora. Lo demás, que componía un noventa por ciento de mi vida personal, estaba cada vez más guardado, más secreto y me causaba cada vez más dolor. Pero finalmente, ese miedo de hablar ante las represalias de toda clase, se convirtió en norma de vida. Las pocas indiscreciones que cometí, me pesaron tanto que escribir este libro es un verdadero desahogo psicológico y espiritual, a la vez que una esperanza de ser útil a aquellos que hayan tenido las mismas o algunas de las experiencias mías. Aún estaba en plena cuestión cotidiana aquello de viajar cada día al interior del Planeta, cuando se me ocurrió preguntarle a mi primera maestra de escuela como debía hacer para conseguir "los colores de afuera", es decir los colores "que se mueven". Tras varios intentos de explicación, la maestra dedujo que yo tenía algún grave problema visual, así que me puso una nota en el cuaderno para mis padres, que debían acudir inmediatamente. 

Al día siguiente tuve que intentar nuevas explicaciones a la maestra y a mi madre, que había visto algunos de mis dibujos pero no había reparado en ellos y las posibles implicaciones. Hice algunos dibujos en el pizarrón y mostré uno de un perro con el áurea energética alrededor, tal como veía las cosas, pero eso sólo fue la "certeza" para mamá y maestra de que me tenían que llevar al médico. El oftalmólogo del centro médico escolar comprobó que no tenía problemas visuales, así que me derivó al psicólogo. Ahí las cosas se agravaron, porque tras algunas pruebas no me encontró ningún síntoma anormal. Me mandó a un psiquiatra y éste a otros colegas; en total una de idas y venidas que no conducían a ninguna respuesta. Uno de estos profesionales me metió en un armario donde apenas cabía y me dejó allí como dos horas, según mi madre. Cuando me aburrí al extremo golpeé la puerta y pedí que me sacaran, que estaba aburrido. El psiquiatra llamó a mi madre, que había quedado en sala de espera mientras el hombre atendía otras cuatro o cinco consultas y le dijo con cara de desesperado que yo estaba al borde de una crisis porque sufría de claustrofobia. 

Ese fue el diagnóstico, como si no fuese normal que un niño de menos de siete años no tuviera impulso de llamar a la puerta y pedir que lo saquen de su encierro. Mi madre tuvo buen criterio y se acabaron por un tiempo esas consultas. No sabía nada de la vida aún, pero me daba cuenta de lo absurdo, porque mi reclamo no había sido un escándalo, sino unos leves golpecillos en la puerta del armario, donde estaba casi asfixiado porque había un ventilete al que apenas llegaba poniéndome en puntas de pie. La investigación de mi "problema" siguió con otros oftalmólogos, psicólogos y no sé cuantos profesionales, curanderos, curas y otros personajes más. Cada uno daba un diagnóstico diferente y para colmo había iniciado una etapa traumática en otro sentido: Me orinaba en la cama. Supuestamente se trataba de una reacción psicológica a las presiones, pero con esto también cada diagnóstico era por completo diferente a los demás. Finalmente terminaron -para mi suerte- por no hacerme más caso. Pero mi padre siguió investigando y de vez en cuando me hacía preguntas. 

Un amigo y compañero suyo de trabajo dio en la tecla. Me puso ante un espectroscopio y me hizo decir qué colores veía. Finalmente, tras una hora de mirar y decir colores, dijo: - Lo que el chico dice que ve, lo ve realmente. Sólo que nosotros no podemos ver normalmente en ese tramo del espectro de luz. Ve como los perros y los gatos, por eso también ha de ver muy bien de noche. Y efectivamente, una preocupación de mis padres era que me gustaba jugar en la noche, donde parece que nadie veía nada pero para mí sólo existía la oscuridad cuando cerraba los ojos. Pregunté al hombre si realmente no era un "poseído del demonio" como decían algunos, ni un "enviado del Señor" como decían otros. - Nada de eso. -concluyó el buen científico, analista de materiales- Hace media hora que estoy induciendo en el espectroscopio una serie de colores que elijo al azar y los meto en el aparato en una longitud de onda que no vemos pero que están en todas partes. Yo mismo no puedo ver los colores que meto ahí, pero sé cuáles son por una cuestión matemática. 

Lo que ves es la radiación magnética de la materia, que está en una parte de la luz que normalmente no es visible. Es algo muy simple, pero la gente no puede verlo y sabe poco de estas cosas. Lo de "longitud de onda" fue algo que entendí luego, tras varias preguntas a mi padre, pero comprendí que la ciencia y no la religión, era lo que podía contestar a las preguntas y resolver los problemas. Desde ahí, -dos años después de comenzar aquella debacle de consultas y temores- se acabaron las angustias y preocupaciones al respecto. Pero mis vivencias extrañas no hacían más que empezar. Extrañas sólo por el hecho de chocar con el medio y circunstancias en que me tocó desarrollarme. Si mis padres hubiesen tenido una formación esotérica más completa como tuvieron después, nada de eso les habría preocupado. Mi padre sospechaba la respuesta antes de conseguir la confirmación, pero mi madre sufría mucho por no poder comprender lo que ocurría. Cuando yo decía a ciertos familiares que veía a determinadas personas que hacía poco que habían muerto, el pánico que les apresaba y las reacciones que tenían, hicieron que decidiera callar todo lo que veía. 

Finalmente, logré hacer una especie de lista mental de las cosas que debía callar y de los temas que no debía hablar. Vivir así es difícil, pero más difícil era enfrentarme con las reacciones de incomprensión. Muchas de estas cuestiones se empezaron a disolver cuando mi madre empezó a ir a una escuela espiritista: La Escuela Científica Basilio, a la que debo la satisfacción de encontrarme por primera vez en un medio donde muchas personas, bajo determinadas condiciones podían ver lo mismo que yo. Tenía muchos interrogantes, pero al menos mi videncia Astral quedó demostrada como cosa normal y no tan poco común como se cree, aunque siendo una minoría quienes la poseemos, recibimos los mismos rechazos sociales -por temor y prejuicios- que cualquier otra minoría social. Años después hice los cursos de esa Institución, pero finalmente la abandoné por causa de la incompletitud de las enseñanzas y porque el carácter científico decayó, convirtiéndose en un dogma de fe sobre asuntos en los que ningún investigador puede quedarse estancado. Además, veía el peligro que representa dicho estancamiento y ciertas prácticas. 

Lo que allí se hace no tiene mucho de espiritual verdaderamente, sino un constante contacto con el plano Astral. Los "espíritus" que supuestamente toman contacto con los miembros y afiliados son meros cascarones Astrales o -lo que es peor- muchas veces impostores que sustraen energía psíquica a los practicantes. También descubrí que los "fluidos" dados para curaciones (como los de muchos reikistas que no diferencian su propia energía de la energía cósmica) sólo son entregas energéticas donde la persona que los da se desvitaliza y quien los recibe absorbe una carga vital contaminada con las vibraciones impuestas por los problemas psicológicas del "fluidante". No obstante, fue para mí un alivio encontrar personas que ven el plano Astral, aunque sea temporalmente y de modo incompleto. La pérdida del método científico en la E.C.B. la ha convertido en una secta con un poco de conocimiento del Astral, donde éste es confundido con lo espiritual. Y como en casi toda organización, existe enquistamiento de sus dirigentes (con motivos económicos, curriculares, etc.) de modo que cualquier intento de hacer evolucionar su enseñanza termina en conflictos. También por esa razón la E.C.B. denosta a la parapsicología científica y la engloba entre "Las Categorías del Mal". Y habiendo entrado yo en estudios parapsicológicos objetivos y serios, auspiciado por el Panamerican Parapsichology Institute a pesar de mi juventud, me vi obligado a retirarme del espiritismo, ante la impotencia para insuflar nuevos aires realmente científicos. 

Así y todo, es una Institución útil a la humanidad a la que han de reconocerse sus méritos y la buena fe de las gente que concurre a ella. Volviendo a mis recuerdos de infancia, en el segundo grado ocurrió un episodio del que sólo tomé consciencia varios años después. La maestra hablaba de México y algo se empezó a remover en mi cabeza. Levanté la mano y cuando la maestra me autorizó, dije que el Toxumolpia, o sea la "atadura de los años", se festejaba en México para recordar a los hombres que debían convertirse en seres voladores como las águilas, y que me encantaba jugar al Popotecle. Expliqué con tantos detalles el "Juego del Volador" (consistente en un palo alto, con un marco en que se enrollan cuatro cuerdas y los chicos u hombres corren y hacen acrobacias colgados de los pies) y otras tantas cosas de las costumbres y significados de los juegos, que la maestra sorprendida me preguntó dónde había leído tanto sobre México. 

Le dije que no lo había leído, sino que me acordaba... La risa de la maestra y de mis compañeros me hizo sentir como un idiota. Seguramente entendieron que me acordaba de haberlo estudiado o leído. Cierto es que a esa edad llevaba cuatro años de lector asiduo, pero aquello no estaba en ninguno de mis libros ni en la cuantiosa biblioteca de mi padre. Tardé meses en encontrar una referencia al Popotecle en un viejo librito de la biblioteca municipal, en el que no había ni siquiera una imagen (que yo no necesitaba), pero confirmé mis recuerdos, aunque con muy escasa consciencia de la importancia y las repercusiones futuras de aquella vivencia. Todo se borró de mi memoria luego, durante décadas, porque estaba absorbido por otras preocupaciones científicas, existenciales y familiares. Algunos de mis pocos juegos en solitario, que normalmente se olvidan en los niños, permanecieron incólumes en mi mente, de modo que haciendo retrospección cuando mis conocimientos de psicología superaban lo meramente profesional, pude aprovecharlos para análisis cuidadosos y terapias en "casos difíciles". 

Yo mismo no tenía -lógicamente- idea de la importancia de esos juegos. Un buen psicólogo puede extraer, mediante la observación metódica de los juegos infantiles -en especial los juegos en solitario- una enorme cantidad de información que es imposible contrastar con las cosas vistas u oídas por los niños. Aunque ahora mismo, con el bombardeo de información que la mediática produce, sería harto difícil diferenciar los factores adquiridos, de los innatos, a menos que se trate de niños de zonas rurales y -hoy por hoy- marginadas de la tecnología. 

 Ramiro de Granada

sábado, 1 de junio de 2019

LA MEDITACIÓN Y SU OBJETIVO



¿Qué es la meditación? 

LA MEDITACIÓN es una práctica antigua e inmemorial de quienes siempre se han esforzado por tomar consciencia de sus posibilidades internas y por desentrañar el enigma del Universo. Como esa eterna incógnita solo se contesta desde dentro, su solución yace en las profundidades del pequeño universo que es el hombre. Meditación es, en primer lugar, reflexión, como un proceso mental dirigido hacia un fin espiritual, y hasta un cierto punto es verdad, pero significa mucho más que esto, porque en definitiva, la totalidad de los poderes conscientes son atraídos y orientados hacia la meta suprema. Ella puede ser considerada, al principio, como un pensar sistemático y sostenido, y como tal usado en nuestro mundo diario. En otras palabras, antes de que podamos lograr algún resultado deseado, pensamos acerca de el, y lo planificamos, y esa “meditación” preliminar puede durar desde un minuto hasta varias horas, y determinará, consciente o inconscientemente, la acción considerada. Si un pensamiento intencional y sostenido es necesario para lograr y comprender objetivos materiales, ¡Cuanto más infinitamente necesario será en las elevadas aventuras del espíritu!. De hecho, todos practicamos la meditación en cierto grado, particularmente cuando nuestras emociones son atraídas, cuando “nuestros corazones están en ello”. 

La mente, siendo una constructora de formas, bosqueja el plan de acción y la emoción la acompaña, suministrando la vida y el vigor necesarios. Algunas personas tienen buena mente y poco deseo para lograr algo. Otras tienen deseos arraigados pero carecen de fuerza y claridad mental. El éxito llega al hombre que puede desarrollar y armonizar a ambos. Se vera que la meditación es un intento para desarrollar y utilizar estos poderes y dirigirlos hacia la realización de metas espirituales. EI proceso no difiere, al principio, de aquel que el hombre emplea normalmente en su vida diaria, a pesar de que la fuerza y purificación logradas o realizadas al dirigir el corazón y la mente hacia alturas espirituales pone en definitiva en acción poderes de comprensión super-normales. 

La meditación NO ES como muchas veces se ha supuesto, un arte difícil y antinatural. Es la gloriosa expansión y sublimación de los poderes normales del corazón y de la mente, y puede ser practicada, en alguna medida, por todas las almas vivientes. Quizá la idea prevaleciente de que es un proceso extraordinario y abstruso provenga de libros mal interpretados y de enseñanzas concernientes a antiguos métodos de Yoga en el Oriente. La totalidad de los métodos orientales tienen inclinación hacia el Ocultismo, es decir, de alcanzar la autorrealización a través del pormenorizado y paciente desarrollo de las envolturas de la consciencia en todos los planos de la materia. 

Su perspectiva científica, su conocimiento de la constitución del hombre y su más profunda psicología hacen que Oriente sobrepase cualquier conocimiento que tengamos hasta ahora en Occidente. Su plena práctica exige tiempo libre y paz, y el dominio de un mecanismo físico finamente ajustado, producto de una herencia de antepasados que por miles de años se han abstenido de carne y de alcohol y practicado tenazmente la meditación. Tal ascendencia y condiciones no se dan en Occidente, de ahí el riesgo de crisis o trastornos nerviosos cuando se intentan los muy arduos métodos de Oriente. Por esta razón, tal vez, el método en Occidente se ha inclinado siempre hacia el misticismo y el desarrollo de la vida, sin haber tomado demasiado en cuenta la forma. Su perspectiva es artística. Tal vez esto seria mejor comprendido si tratamos de imaginarnos algo de nuestro propio carácter que nos permita ver el objetivo de la meditación, los poderes empleados y los resultados, cuando se ha seguido paciente y fielmente el método. 

El Triple Hombre 

En la vida ordinaria sabemos muy poco de nosotros mismos y, consecuentemente, nos juzgamos a nosotros y a otros superficialmente. Uno de los primeros requisitos en Yoga es lograr una creciente toma de consciencia de la realidad y poder de la vida interior, y esto se ayuda con un alejarse, en pensamiento, de una estrecha identificación con los vehículos de consciencia. Estamos convencidos que nosotros somos este cuerpo; debemos aprender a darnos cuenta que no lo somos, que él solo es un maravilloso y delicado mecanismo viviente, producido por evolución a través de eones de tiempo para nuestro uso y experiencia, pero él no es nosotros mismos. Comenzaremos, entonces, a vivir mas conscientemente como un alma, tomando consciencia que la “vida interior” es el mundo de motivos, de ideales, de sentimientos y de aspiraciones realmente mucho mas potentes para el auto-desarrollo y para afectar a otros que cualquier otra cosa que hagamos en el mundo físico. 

La Sabiduría Antigua nos enseña que la vida y la consciencia del hombre trabajan a través de muchos niveles de materia sutil o grosera, cada uno de los cuales constituye un rumbo o esfera, interpenetrando a los otros proveyendo a cada hombre de un vehículo o “cuerpo” para la expresión y experiencia en cada plano. Estos planos de consciencia y materia son subjetivos para la consciencia física, para la cual solo el mundo físico es objetivo, pero ellos son visibles a la visión clarividente, y para todos después de la muerte. En estos mundos y en los cuerpos sutiles internos que les pertenecen, los pensamientos y sentimientos son poderes tremendamente creativos. 

Esta es la razón oculta que yace detrás de su desarrollo sistemático por medio de la meditación. La naturaleza del hombre puede ser clasificada de muchas maneras, difiriendo según el punto de vista tomado en cuenta. Tal vez, para nuestro propósito, la más simple sea la triple clasificación de San Pablo: cuerpo, alma y espíritu. 

Cuerpo 

Fue Ruskin quien nos dijo que el estudio de la derivación de las palabras trae mucha luz. La palabra “cuerpo” deriva de la anglosajona “bodig” y significa morada o lugar de residencia del alma. Arnold Bennett lo llama “La maquina humana”, si bien esta tiene una velada consciencia elemental propia, aparte de la consciencia superior que lo gobierna cuando estamos despiertos. Sería exactamente describirlo con las palabras del Maestro K. H. como “el caballo en el cual cabalgamos”. Es muy útil en la vida recordar a veces que no somos este cuerpo, que es una cosa maravillosa, la cual usamos temporalmente pero que no es nosotros mismos. 
Hay dos pequeñas prácticas meditativas que nos ayudaran a libertarnos de nuestros cuerpos. 

1) Estamos demasiado acostumbrados al pensamiento de que nuestros cuerpos están muy separados de todas las cosas, y sin embargo, esto no es así realmente. Invisiblemente desde su superficie, los átomos y las moléculas están siendo radiados constantemente, siendo reemplazados por otros desde la atmósfera circundante. Imaginemos este estado de flujo y que no hay línea demarcatoria entre nuestro cuerpo y sus alrededores. 

2) El pensarnos en términos de este cuerpo tiene un gran efecto sobre la materia sutil de nuestra propia psiquis, atrayendo la mayor parte de ese cuerpo mas fluido dentro de la periferia de la forma física, causando así una cierta congestión. Imaginémonos un aura en lugar de un cuerpo físico. Caminando a lo largo de un camino, imaginémonos yendo al frente del cuerpo andante. Alma La palabra griega que en nuestras escrituras se traduce por “alma” nos da las palabras “psiquis” y “psicología”. La investigación psíquica es un intento para explorar el dominio del alma desde el punto de vista de la materia o forma. 

La psicología penetra dentro del mundo de su vida o “consciencia”. Para los fines prácticos, podemos pensar de ella como ese ser sutil y brillante, replica glorificada del cuerpo físico; cuyos vividos poderes son el sentimiento y el pensamiento, que sobreviven ala muerte. Espíritu Alma y espíritu son a menudo confundidos. Ya en griego ambos son palabras diferentes, espíritu significa vida, aliento. Dios insuflo dentro del hombre el aliento de vida y se convirtió en un alma viviente. Este tercer factor es el factor inmortal e imperecedero en cada uno de nosotros. 

Nuestros cuerpos mueren continuamente. De la misma manera, después de un tiempo largo mueren nuestras propias almas, pero al termino de cada ciclo de encarnación, sus experiencias son sublimadas e incorporada al interior del hombre inmortal. El es el “Cristo en uno, la esperanza de gloria”; la “pequeña parte de Dios en el centro de cada uno de nosotros”, como lord Tennyson lo describió en una carta. El es incapaz de maldad y es siempre puro; es el ángel en un hombre que nunca dejó el seno del Padre. EI mas grande pecador, el más ignorante de los salvajes, tienen dentro esa posibilidad divina. Allí nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; allí siempre somos sus hijos. Muy en lo profundo reside siempre “el hombre oculto del corazón, en lo no corruptible”. La Última cosa dentro nuestro no es el pecado sino la Divinidad. 

El Objetivo de la Meditación 

Aquí encontramos la verdadera meta de la meditación: la auto-realización. Según las palabras de San Ambrosio, debemos “convertirnos en lo que somos”. Debemos descubrir ese Ser Divino, profundo y oculto que vive en el interior de cada uno de nosotros, armonizar la mente y el corazón con El y finalmente unificarnos con El. Su conocimiento es el reino de los cielos dentro nuestro, que “es como un tesoro oculto en un campo que, cuando un hombre lo ha encontrado, lo oculta, y para gozarlo, el hombre va y vende todo lo que tiene y compra ese campo”. Pero el campo donde el tesoro celestial esta enterrado es nuestro propio ser, y el precio que tenemos que pagar para poseerlo es una completa devoción y una sinceridad total, “...todo lo que él tiene”. Cuando se lo encuentra y realiza, un aun más amplio y grande descubrimiento nos espera, y es que por convertirnos en uno con nuestro mas profundo ser misteriosamente nos hemos convertido también en uno con el más profundo ser de todas las otras cosas vivientes, porque la vida es una en todas partes y Vida es Dios. 

La Visualización de la Meta 

Nosotros podemos percibir la meta, pero veladamente, porque aun no la hemos alcanzado. Estamos en la posición de un niño no nacido aún, o de una flor que todavía no se ha abierto. ¿Como podrían ellos conocer la gloriosa y brillante inmensidad del mundo en el que en breve entraran?. La flor siente el calor del Sol y ese calor causa la apertura de su corazón y desarrollo. Así, “como a través de un vidrio oscurecido”, así también nosotros vislumbramos la belleza del sol de nuestras almas, y el amor naciente y una incipiente adoración traen el florecimiento interno. Al principio vemos a Dios, que es Vida, Amor y Belleza a través de la ventana de un ideal. A medida que miramos y tratamos de vivir en su luz, la distancia entre nosotros y aquella lejana estrella disminuye, y la ventana a través de la cual miramos se torna cada vez más grande y bella. “Busca el camino con profunda reverencia del alma, a la velada estrella que arde en el interior. Invariablemente, a medida que uno observa y adora, su luz se tornará más fuerte. Entonces uno puede saber que ha encontrado el comienzo del camino. Y cuando ha encontrado el final, esa luz repentinamente se convertirá en luz infinita”. 

Los Tres que son Uno 

Podemos ver nuestra meta desde uno o desde los tres aspectos. Para nosotros uno quizás parezca más que otro, pero todos son uno. Podemos llamarlos el Padre, el Hijo y el espíritu Santo. El centro de la divinidad dentro de nosotros mismos es el espíritu Santo, por siempre individualizado, de larga permanencia en la matriz de nuestra naturaleza humana, porque nuestra alma y nuestro cuerpo son siempre el Templo del espíritu Santo. Cuando pensamos en El, lo visualizamos como un Hombre Perfecto, el ideal de nosotros mismos, en el cual anhelamos convertirnos, el Yo Superior. Otras veces pensamos en Alguien que ya ha alcanzado aquella meta de auto-realización y Quien, habiéndose convertido en “uno con Dios”, es de este modo un Mediador, un Salvador, que revela a los hombres la humanidad de Dios y que también les enseña la divinidad del hombre. 

A medida que Lo contemplamos, su belleza suprema estimula el crecimiento de la misma belleza en nosotros, es el aspecto Hijo. Finalmente, tratemos de imaginarnos la vastedad y la universalidad de Dios, aquella Vida Inmortal en la cual todas las casas viven, se mueven y tienen su ser. Este es aquel poder y gloria en el cual los átomos de los Dioses están incluidos, aquello que Jan Ruysbroek llama “el fundamento o razón de nuestro ser, Dios el Padre. Este ultimo es mas difícil de visualizar que los otros dos, porque la mente del hombre contempla con dificultad lo inmensurable. 
EI ser humano puede vislumbrar mejor esto a través de una forma cercana y querida. Por eso el Hijo, el Manifestado es más fácilmente visto que el Padre, el Inmanifestado. Sin embargo, estos tres son Uno. El Yo Superior es uno con el Maestro, como El es uno con Dios. “Ninguno esta delante o detrás del otro”, y de acuerdo con nuestro temperamento, contemplamos a uno o a otro con mayor inclinación. 

 EI Ascenso al Monte Carmelo 

Este, a la sazón, es el propósito de la meditación, el ascenso hacia la cima de nuestro propio ser, esa pura y serena altura sobre las nubes de la ilusión, donde reina Dios el Bello, o para usar otro símil, es “sumergirse en las gloriosas y misteriosas profundidades del propio recóndito ser” donde lo profundo llama a lo Inmortal Profundo externo, y siempre busca ese océano que es a la vez fuente y meta de su ser. “Dios en nuestras profundidades recibe al Dios que viene hacia nosotros; es Dios contemplando a Dios, Dios en Quien moran la Salvación y la Paz”. El símil de la montaña es frecuentemente usado por escritores místicos. “Quien ascended el monte del Señor?. 

El que tenga las manos limpias y el corazón puro”. Cuando nuestro Señor “subió al monte, aparte, para arar”, tal vez no fue a una montaña física sino a las alturas de su propia consciencia interna. 
El afianzamiento de la mente sobre estos altos y sublimes tópicos produce una sucesiva elevación y purificación de la consciencia. Esto es respondido por la vibración más rápida de los vehículos de la consciencia, originando un refinamiento gradual de la materia que los constituye. Por eso es que el hombre de meditación crece refinado, puro y noble. Su alma crece y alza el vuelo hacia la Estrella de su ser. En el Capitulo siguiente consideraremos las alas con las cuales él vuela.

Clara M. Codd

REENCARNACIÓN Y EL VIAJE ASTRAL - EL ASKASIS Y LA ANATOMÍA ESPIRITUAL




Para comprender un tema tan complejo como la Reencarnación, es necesario que los Lectores sepan algunas cosas que además de ser interesantes, hay de completar y simplificar en conceptos. 
Askasis viene de la palabra sánscrita akasha, que significa "Gran Memoria" o "Memoria Universal", aunque se usa para designar también el estado de la materia en su más alto estado vibratorio perceptible por la consciencia. Existen dos Áskasis que nos interesan conocer, tanto para encarar la cuestión de la Reencarnación como para casi todos los factores esotéricos que tratemos en cierta profundidad. Un Áskasis es el Planetario y el otro individual, personal de cada Ser. 

 El Áskasis personal es el Alma, cuerpo magnético de alta vibración y forma ovoide, compuesto de ocho Esferas de Consciencia. Estas son Amor, Inteligencia, Voluntad, Pureza (ó Verdad y Perfección), Abundancia (ó Suministro y Riqueza), Vida (ó Salud), Transmutación (ó Perdón y Evolución) y Eternidad (ó Vida Eterna). Estas Esferas de Consciencia del Alma son correspondientes con los Ocho Principios Universales, que se exponen y explican ampliamente en el Libro "TABVLA MAXIMA HIPERBOREA". En ese sentido, somos "a imagen y semejanza del Creador Universal", lo cual es muy diferente al sentido de la expresión bíblica "a nuestra imagen y semejanza", extraído de las palabras de un "dios" que no es precisamente un Creador Universal, sino un creador de hombres mortales por degeneración o manipulación genética de sus propios clones. Dejemos este asunto para más adelante, y volvamos con la anatomía del Alma. 

 En el Alma se acumulan todos los conocimientos, en forma de síntesis, es decir como "experiencia". Una vez que dicha experiencia vuelve a ser procesada por un consciente cerebral, ésta se desenvuelve o "decodifica" de modo análogo al que  en informática  se descomprime un archivo "ZIP". Entonces aparecen todos los elementos que crearon dicha experiencia. Es decir que la memoria de nuestra Alma (ella misma es toda una memoria), contiene la información de todo lo percibido por cualquier medio a lo largo de toda nuestra evolución, desde que éramos un simple mineral, pasando luego por los Reinos Vegetal y Animal, hasta llegar a ser Humanos. Si quisiéramos calcular la cantidad de información -en Megabyts- que ha acumulado un Alma, la cifra sería tan grande que no alcanzarían las matemáticas aplicadas a mediciones astronómicas. 

 Nada se ha perdido de todas las percepciones magnéticas, táctiles, auditivas, visuales, gustativas, olfativas, intuitivas, telepáticas o de cualquier índole (según los órganos y mecanismos de percepción desarrollados en cualquier encarnación y en cualquier especie a lo largo de su evolución). Tampoco se han perdido los resultados de esas percepciones, los procesos realizados con ellas, ni se ha perdido en el Alma la capacidad que ha ido desarrollando para aprender a manifestar los Sentimientos (las cualidades propias del Alma Pura) y a manejarnos en diferentes medios. Este conjunto de memoria se llama "DHARMA", que no es necesariamente lo opuesto al KARMA, como muchas personas creen. El Karma y el Dharma son cosas diferentes y no necesariamente opuestas. 

Hay un "Dharma negativo" que es la experiencia mal procesada, las negatividades anti-evolutivas, desarrolladas por incomprensión de las experiencias, por generación de "yoes psicológicos" y por otros elementos que no hacen al Alma propiamente, sino a las PERSONALIDADES con las que ésta se desenvuelve en el mundo. Pero también hay un "Dharma positivo", que constituye la casi totalidad de la memoria del Alma, por ser experiencia aprovechable en la evolución. En síntesis extrema, podemos definir al Dharma como "experiencia del Alma" y al Karma como "deudas y haberes con el mundo". Por lo tanto hay también un "Karma negativo" y un "Karma positivo". 

El Karma en si, no es más que la relación del Ser con el Universo, bajo la Ley de Causa y Efecto, que nos vincula inexorablemente con lo externo, con el mundo y el Universo todo, mientras que el Dharma es el capital de experiencias, producto de las constantes variaciones y balances del Karma que generamos y de las reacciones (elecciones) que tengamos ante dicho Karma. Si en vez de aprender de las experiencias optamos por olvidarlas a la fuerza, no les damos valor o generamos odios, miedos y vicios, el Karma se aumenta negativamente, influyendo también en el Dharma, haciendo que el Alma tenga más dificultades en procesar las vivencias. 

Pero volvamos al Áskasis: Así como nosotros tenemos ese Áskasis propio, también lo tiene el Mundo, que es un Ser Viviente con muchísima más evolución que nosotros. En tal caso se trata del Anima Mundi o Alma del Mundo, que no hay que confundir con el Logos, que es el Ego del Mundo. El Reino Natural al que pertenecen los Planetas es algo extraordinariamente complejo. Si bien primero debieron existir los planetas para dar lugar a la evolución de infinidad de especies, ellos también empezaron como una pequeña chispa de Consciencia Divina, como todos los Seres, pero por ahora nos sujetaremos a la cuestión askásica, sin ahondar en el inmenso terreno de la cosmogénesis. El Áskasis Planetario se ubica materialmente, en el campo magnético de la Tierra. Contiene toda la información de todo lo que ha ocurrido y ocurre sobre ella. 

Es el "Libro de la Vida" del que hablan los Libros Sagrados más antiguos. Si decodificásemos su clave tendríamos acceso a Toda la Historia del Planeta. Esto ya se ha hecho en 1976 y se nos ocultan los resultados. Todas las estructuras políticas, religiosas y económicas se caerían si se supiese masivamente la Verdadera Historia. Cuando podemos conectar nuestro Áskasis personal con el Áskasis Planetario, nos unimos a la consciencia del Planeta y entonces ocurre una serie de fenómenos muy curiosos. Estos fenómenos se dan en diferentes "lugares de poder", donde confluyen varios factores magnéticos y ambientales, como también en los Templos antiguos, que fueron construidos con conocimientos físicos superiores a los actuales. 

En ellos se procesaba la energía telúrica para diferentes usos, desde simple producción de electricidad hasta la transformación personal y para producir fenómenos específicos. Uno de esos fenómenos, es justamente la lectura del Áskasis Planetario. En otras palabras, la observación de la historia como si uno estuviese allí mismo. Más fuerte y claro es el fenómeno cuanto mejores son las condiciones de la persona y más armónica se encuentra con el Alma del Mundo. Como actualmente todos los Templos (verdaderos circuitos electrónicos en macroescala) están derruidos, incompletos, estropeados y para colmo nuestra ciencia oficial desconoce estas cosas, no hay un orden ni método para reproducir estos fenómenos que tienen pocas veces ocasión de experimentarse. Podemos decir que los Templos antiguos son "máquinas estropeadas". Por otra parte, los pocos científicos que conocen estas cuestiones se ven muy limitados para poder hacer alguna mejora y recomposición de esos "aparatos" geoenergéticos. ¿Qué ocurriría si de repente se supiera toda la historia del Planeta?. 

Imagine el Lector que se descubren los verdaderos hechos, y no los que nos pintan los ganadores de todas las confrontaciones, que no han sido precisamente ni los más sabios, ni los más solidarios, ni los más ejemplares ética y moralmente. La mayor parte de las guerras de esta humanidad mortal, la han ganado los más arteros, los traidores, los inescrupulosos, los más despiadados asesinos que no midieron recursos a la hora de destruir, masacrar, eliminar definitivamente todo impedimento para sus más delirantes planes de poder. Imagine el lector que tiene acceso a la información exacta de los hechos y con un poco de trabajo extra logra deducir las intenciones de los protagonistas. Leyendo el Áskasis Planetario encuentra que puede (con la preparación adecuada) observar el plano emocional y mental de cualquier individuo seleccionado en la Historia, o que puede el observador "meterse" por un momento en el campo emocional del sujeto elegido (digamos: Artajerjes, Confucio, Buda, Jesús el Cristo, Nerón, Cleopatra, Colón, Napoleón, Caupolicán, Hitler, Churchill, la Madre Teresa...) 

 Las personas informadas a través de intensos años de investigación científica interdisciplinaria, periodística y psicológica, nos atrevemos a revelar lo que ocurriría si tal avance fuera posible. Pues la respuesta es la siguiente: No ocurriría gran cosa en lo inmediato. No se removería ningún cimiento repentinamente, no tendrían nada que temer los actuales dueños del mundo... A menos que esos descubrimientos se difundieran masivamente de una manera tal que los tecnócratas esclavos de los poderes reinantes, no sólo no pudieran impedirlo, sino que también buena parte de ellos "se diera vuelta" y decidiese obrar con espíritu propio, poniéndose por encima del miedo a sus jefes. 

Lamentablemente, pocos tecnócratas escapan a la influencia de los lavados de cabeza y polarización efectuada por los mandos políticos y militares, que están también, a su vez, a órdenes de los dueños de la economía mundial. La humanidad mortal no es una disciplinada "Horda Furiosa" como las hordas hiperbóreas de la antigüedad, donde cada individuo respondía a un mandato de su propia consciencia -fundada en un conocimiento real- antes que al mando militar. Hoy los ejércitos, desde hace un par de milenios, obedecen a sus mandos por odio e ignorancia, por dinero o por miedo al castigo, y no por consciencia ni por ideales y honor. Hoy no tenemos la máquina adecuada para decodificar el campo magnético terrestre, tal como lo hace un grabador con la cinta magnética, tal como lo hacían los antiguos Templos egipcios de Luxor, Karnak, Déndera y otros "Oráculos" en diversas partes del mundo. Pero sabemos que tal máquina ha sido construida y probada. 

Ruego al Lector me ahorre detalles, que resultan demasiado comprometedores y difíciles de probar materialmente. Sin embargo, tenemos los esoteristas el conocimiento obtenido por nuestro propio desarrollo, más la enseñanza y experiencia de nuestros Maestros, dedicadas a la investigación holística, en la cual hemos desarrollado una potente capacidad deductiva, de modo que tampoco necesitamos ya de "la máquina que lee el tiempo" para saber las cosas más importantes. 
Aunque ciertamente sería maravilloso disponer de los Antiguos Templos para hacer nuestros procesos Ascensionales y perfeccionar el rumbo de nuestra evolución, no bajo pautas "místicas", sino científicas. El Libro de la Vida está, de todas maneras, escrito en muchos libros, de los cuales algunos -los más importantes- han sido celosamente cuidados y protegidos de las quemas y persecuciones. Ahora lo difícil no es cuidar esos libros, sino hacerlos llegar a un público sometido a quinientos "libros-basura" por cada libro útil que pueda escribirse. 

Los libros-basura son esos que distorsionan completamente la historia, machacando sobre los mismos arquetipos diabólicos con que se somete a la humanidad de mil maneras, manteniéndola en la "Rueda de Samsara" o Rueda de Reencarnaciones. Soy consciente que la influencia de un libro como éste, es irrisoria para los Dueños del Mundo, pero también sé que una sola persona que logre escapar a los grandes engaños históricos y actuales, puede valer muy bien todos los esfuerzos. También se que basta una persona que consiga salir de la depresión y reorientar su vida mediante la comprensión de esa Escatología Natural, de la Realidad de la Reencarnación, para justificar todo el trabajo. 
 Antes de seguir, a fin de no generar confusiones en los esoteristas avanzados ni alentar falsas expectativas en los neófitos que recién están aprendiendo sobre estas cuestiones, quiero aclarar que si bien la Reencarnación es una especie de "parche" que la Naturaleza ha dispuesto para que no se pierdan los Seres y la evolución que estos llevan a través de eones, por causa de esa desgracia que es la muerte, tampoco es algo que debiera ser constante y general. 

La muerte es el truncamiento de un proceso cuya culminación debería ser la Ascensión al Reino Natural que sigue al Humano en orden evolutivo, pero que al producirse la enfermedad y la muerte, obliga a un retorno a la vida en este Reino Humano No obstante, es lo que hay por ahora: Una oportunidad de "repetir el curso", pero con muy pocas ventajas y muchísimos inconvenientes, que iré exponiendo oportunamente. A fin de hacer comprensible todas estas cuestiones, voy a describir mis vivencias, con las que muchísimas personas se sentirán identificadas, sirviéndoles de base para mayores comprensiones de sus propias experiencias, así como consuelo ante las desesperaciones habituales de ver como "se pierden" sus seres queridos. A los sufrientes por la muerte de sus familiares, les digo que nada se ha perdido de ellos, más que la vestimenta material del Ser. 

Es normal que suframos por la pérdida temporal del contacto con todos los que amamos, pero dicha pérdida no es definitiva. Ni "deja de existir" el Ser verdadero -como tan ignorantemente rezan los avisos fúnebres-, ni es una perdida para siempre del contacto con los demás Seres. No sólo por la razón de que volveremos a encarnar con relaciones karmáticas que suelen mantenernos unidos durante varias encarnaciones por diversas afinidades, sino que nada en la inmensidad del Universo se pierde (y eso es una Ley tanto física como metafísica). El Karma hará que volvamos a encontrar a quienes amamos de verdad, de la misma manera que se vuelve a encontrar a aquellos con los que se tiene relación de miedo o de odio, a menos que uno de ambos supere esas lacras en su propia psicología, con lo cual la diferencia vibracional impedirá el reencuentro. 

 Tomar consciencia de ello significa vivir con menos agobio espiritual, con más tranquilidad respecto a los que mueren, así como seguridad de no volver a encontrar a nuestros enemigos, a menos que estos también hayan depuesto su odio. En fin el alivio inmenso que produce en lo psicológico y en lo concreto toda comprensión de lo que realmente ES, en la Naturaleza Perfecta del Universo.

Ramiro de Granada

INTRODUCCIÓN - REENCARNACIÓN Y VIAJE ASTRAL



Ante todo, disculpad que use un pseudónimo, en éste y otros varios de mis libros esotéricos. 
No me interesa ser conocido en mi intimidad personal, sino simplemente transmitir los conocimientos adquiridos a lo largo de una vida dedicada a la investigación, a partir de la necesidad de saber el porqué de mis vivencias. Aunque podría hacer un tratado científico diferenciando rigurosamente lo vivencial, lo teórico y lo comprobable, usando fórmulas lógicas y todos los rígidos elementos de la Ciencia en su aspecto cartesiano, he decidido escribir por fin este libro, cuya idea tuve hace más de dos décadas, usando la narración como elemento inicial, siguiendo el hilo de sucesos que han marcado mi vida. Es decir que voy a partir siguiendo -más o menos- una cronología, a fin de que se entienda cómo han ido surgiendo las experiencias, los interrogantes, las búsquedas, los sincronismos y -por fin- las respuestas. 

No escribí antes sobre estas cosas porque me faltaba tiempo -y me faltará siempre- para investigar tantas cosas como quisiera, pero principalmente porque me faltaban algunas respuestas fundamentales, sin las cuales el fondo de la Realidad de la Vida era una simple teoría, no una comprobación definitiva por mi parte. La escatología aprendida en las religiones dejaban muchos huecos vacíos -y demasiado grandes- en la comprensión de las vivencias, por lo que me vi obligado a bucear en ellas y compararlas, y luego hacerlo en decenas de órdenes esotéricas y otras instituciones, hasta que el despertar más completo (gradual) de la memoria de otras vidas, me fue dando las respuestas que espero brindar claramente. Sabía a los trece años de edad que la reencarnación es algo real, nada ficticio y por mi parte absolutamente vivencial, tan natural como la vida misma. Pero al igual que en otros asuntos que se dieron siete años antes de esa edad, sería la Ciencia y no las "creencias" las que me darían las respuestas que reclamaba mi espíritu crítico. El "método científico" aprendido en el último año de la escuela primaria, sería la guía que me conduciría a la comprensión de vivencias que, sin esa comprensión, me habrían destruido o habría quedado como la mayoría de las personas, al margen de la realidad integral. 

Lamentablemente, no puedo dar a los Lectores más que una óptica personal y un Conocimiento que por más que lo aseguro y garantizo personalmente, sólo ha de servir en su total potencial a las personas en un determinado momento, cuando les toque transitar por aquel "Camino de la Muerte" que no es necesariamente tan oscuro como parece a muchos, ni tan luminoso como parece a otros. Sin embargo, a mucha gente le servirá como consuelo válido, que es el que brinda la comprensión, mucho más válido que el consuelo psicológico de las creencias. Intentaré, en todo sentido, que este libro le resulte didáctico, ameno y constructivo. Conociendo la Escatología Natural, infinidad de sufrimientos se alivian, se hace con la humanidad algo de JUSTICIA, que debería reemplazar a la solidaridad en todos los ámbitos... Relataré en principio mis propias vivencias, a fin de que el Lector sepa cómo siente alguien que recuerda las vidas anteriores (o mejor dicho, partes de algunas de ellas) pero no quedará en mera casuística este libro. 

Intentaré explicar todos los fenómenos cuya naturaleza he podido comprender y dar la mayor cantidad de respuestas posibles, siempre dentro de lo que me hallo seguro. Las cosas que no tengo por seguras, las aclararé como "teóricas". Este libro es parte de la "Guerra Kamamanásica" que se desarrolla en el mundo y en la que estamos inmersos absolutamente todos los Seres Humanos (incluso los animales), cualquiera sea nuestro grado evolutivo y nuestro grado momentáneo de consciencia, las circunstancias, raza, etc.. Kama significa "estrato" o "región". Manas significa "Alma", en su aspecto "Mente". Por lo tanto la Guerra Kamamanásica es la que se desarrolla en el plano del Alma, de las ideas, de las ideologías y los pensamientos arquetípicos. Las religiones sostienen entre sí -y producen en el plano material- infinidad de guerras económicas, ideológicas y arquetípicas. Los cuadros políticos hacen lo mismo, con sus secuelas brutales de guerras físicas, cuyo fuego alienta la fragua de las religiones. Pero cualquiera sea el nivel de lucha, el fondo siempre tiene que ver con el Alma, con las ideas. 

Los grupos de control de la tecnología que sirven a los intereses económicos, políticos y religiosos, hacen experimentos de toda clase, atentando en muchos de ellos contra animales, contra la población de todo el mundo -directa o indirectamente- y contra la propia estabilidad natural del planeta. Los poderosos intereses multinacionales (cuyo adjetivo adecuado sería "intereses apátridas") manipulan tanto a las religiones como a los cuadros políticos y a los grupos de desarrollo tecnológico. De modo que las guerras más calientes y materializadas ocurren dentro de un mismo tablero de control, donde los pueblos se matan entre sí, como meras piezas de un ajedrez diabólico, que juegan unos pocos hombres que detentan el poder. 

Pero la verdadera Guerra, la que llamamos Kamamanásica, se desarrolla más allá de las religiones, políticas, tecnólogos y economistas de esta civilización. Mientras todos los estamentos visibles son parte de un mismo bando, que requiere por su propia constitución y sistema, del constante belicismo humano, hay otros Seres, otras Inteligencias, otras Personas, que no comulgamos con los engaños religiosos, políticos, económicos y científicos. Por lo tanto no participamos de las guerras fraticidas, de las masacres locales y nacionales, ni de ninguna forma de belicismo directo entre Seres Humanos. Entre Nosotros y los que propician las guerras y matanzas que vemos cada día en los noticieros, hay una forma de combate mucho más sutil, pero no menos real. 

Cierto es que somos Guerreros casi abandonados tras las filas enemigas, pero en nuestra misión de despertar consciencias, vamos ganando pequeñas batallas. Cada persona que despierta a la realidad integral, que descubre sus propias posibilidades de Trascendencia y Libertad espiritual auténtica, es un nuevo Guerrero Kamamanásico; un esclavo liberado de las cadenas de la ignorancia y el oscurantismo espiritual, que vale por cien soldados. El conocimiento de los fenómenos de la Reencarnación es una de las claves más importantes para esta liberación, para este despertar de consciencia que si no nos libera totalmente del sufrimiento humano, al menos nos permite sobrellevarlo con tal Dignidad, Sabiduría y Felicidad, que lo hacen insignificante. 

La mayoría de los Guerreros Kamamanásicos estamos orientados conscientemente hacia la Evolución, la Trascendencia o Ascensión, escapando definitivamente de la rueda de reencarnaciones, pero nuestro principal objetivo, sin descuidar la propia Trascendencia y sin perjuicio de nuestras actividades mundanas de subsistencia, es enseñar y difundir los Conocimientos Trascendentales a quienes tengan realmente el impulso de lo espiritual. Evitaré extenderme en el nutrido abanico de los fenómenos paranormales, que pudiendo conocerlos a la mayoría, por experiencias espontáneas o por búsquedas e investigaciones, puedo asegurar que dan razón a la gran mayoría de teorías que sobre ellos se han elaborado. Por eso daré ahora mismo una reseña sintética, a fin de concentrar el resto del libro en lo relacionado al Astral y la Reencarnación. 

Existen "imprimaciones" de energía, tanto mentales como emocionales, que no son precisamente fenómenos regidos por inteligencias determinadas, sino meras grabaciones magnéticas en sitios y/u objetos, así como existen ciertos "poltergeist" (fenómenos paranormales que siguen a una persona, no propios de un lugar fijo), y que aunque englobamos en la categoría de "plano Astral", sólo corresponden a éste en cuanto al orden vibratorio, pero no como "entidades". Muchos de los fenómenos paranormales no se deben a "Seres", vivos ni muertos, sino a situaciones geomorfológicas que conforman una especie de "circuito electrónico" que se activa bajo la influencia mental y/o emocional de las personas. 

El miedo, la ansiedad, el morbo y otras actitudes internas de las "víctimas" o de los investigadores, suele desencadenar algunos hechos supuestamente "fantasmagóricos", sin necesidad de que medie una entidad Astral o un elemental. Estos últimos, catalogados en la literatura popular como duendes, gnomos, hadas, sílfides, trolls, salamandras y un largo etcétera, no son sino la entidad Astral de ciertos minerales en estado cristalino, de vegetales y de animales. Casi todos ellos son visibles de ordinario para quien posee vista Astral (que no es otra cosa que percepción en un rango más completo del espectro de la luz). Hecha esta aclaración, respecto a la diversidad de fenómenos, entraremos en el tema central, haciendo las aclaraciones y diferenciaciones con estos fenómenos, cuando correspondan. 

Ramiro de Granada

10 de Octubre del 2007