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martes, 23 de agosto de 2016

Equilibrio



Cuando el discípulo empieza a observar que sin necesidad del lenguaje tiene el poder de influir sobre los hombres con quienes trabaja, le acomete, por vez primera, la ambición espiritual, que es el más temible e implacable enemigo. El hombre vulgar, cuyos pies no han hollado todavía el sendero, está muy lejos de sospechar la violencia de esta tentación que, por lo fuerte, envenena el alma, y por lo insidiosa, alucina la mente. Perplejo ante las facultades de su ser, queda el discípulo ofuscado y sorprendido.

Deseó poder para el bien y lo tiene; anheló ser como los dioses, y suya es una de las cualidades divinas.  Le parece que ya puede obrar acertadamente como Dios y ordenar los destinos de los hombres; pero olvida que el sobrevenido poder es tan solo una de las cualidades de los dioses; que en su largo desenvolvimiento a través del dolor y la pena, así como del gozo y esplendor, ha llegado a ceñir una diadema de fuerzas y dones que recíprocamente se equilibran y entreveran.

Mabel Collins

sábado, 13 de agosto de 2016

Equilibrio



Aquel que sin perder el equilibrio de su espíritu sabe hollar con altivez los implacables decretos del destino y que tanto en la adversidad como en la bienandanza puede contemplar impasible los vaivenes de la mudable fortuna, no se conmoverá ni ante la furia amenazadora del océano que hace brotar del fondo de los abismos sus agitadas olas, ni ante el bramar del Vesubio caprichoso, cuando reventando sus hornos encendidos lanza las llamas envueltas en humo, ni ante la descarga del rayo ardiente que busca, para fulminarlas, las elevadas cumbres.
¿Por qué, por qué el hombre maltratado por la desgracia ha de mirar inerte, rabioso en su impotencia, al tirano que lo tortura?
Nada esperes, nada temas y dejarás desarmado e impotente a tu más airado enemigo; pero si trepidas por el miedo o vacilas por una esperanza, ya has perdido tu firmeza, has vendido tu independencia, has abandonado tu escudo; y, desalojado de tus posiciones has atado a tu cuello una cadena que para siempre te arrastrará.

jueves, 21 de julio de 2016

Equilibrio



”Aquel que sin perder el equilibrio de su espíritu sabe hollar con altivez los implacables decretos del destino y que tanto en la adversidad como en la bienandanza puede contemplar impasible los vaivenes de la mudable fortuna, no se conmoverá ni ante la furia amenazadora del océano que hace brotar del fondo de los abismos sus agitadas olas, ni ante el bramar del Vesubio caprichoso, cuando reventando sus hornos encendidos lanza las llamas envueltas en humo, ni ante la descarga del rayo ardiente que busca, para fulminarlas, las elevadas cumbres.
”¿Por qué, por qué el hombre maltratado por la desgracia ha de mirar inerte, rabioso en su impotencia, al tirano que lo tortura? Nada esperes, nada temas y dejarás desarmado e impotente a tu más airado enemigo; pero si trepidas por el miedo o vacilas por una esperanza, ya has perdido tu firmeza, has vendido tu independencia, has abandonado tu escudo; y, desalojado de tus posiciones has atado a tu cuello una cadena que para siempre te arrastrará”.
BOECIO